Cansada de interpretar un papel que no le era propio, decidió un día ser sin más un personaje de su propia obra. La libertad desbordante se mezclaba a ratos con un miedo intimo e inconfesable, invadía sus poros desde la cabeza a los pies y la llenaba de un frío intenso que junto con paralizarla, parecía quitarle lentamente la vida. Aveces un sol salía entre las nubes, tibio y tímido a brindarle un poco de calor, a veces el frío se iba de igual forma en que vino, pero otras veces -y estas eran las más numerosas- el frío intenso acababa por quitarle el ultimo aliento y todo el color que la acompañaba terminaba extinguiéndose y escapando como lagrimas. Era entonces cuando la obra terminaba, y ella en profunda agonía seguía monótona una vida sin carnavales.
Llegó el día, luego de muchos años, en que cansada del miedo tortuoso que la quitaba la vida en cada pausa de duda, y decidida a luchar por lo que creía. Tomó con fuerza unas tijeras y cortó los ríos moldeados por el entorno abrupto que la rodeaba, lentamente cada pensamiento nefasto se fue acortando, cada tristeza se fue reduciendo, cada duda se fue extinguiendo. La realidad en su inabarcable plenitud fue reducida a ella. Ya no era personaje de una obra, era la obra, con todas las dramáticas intervenciones que ello implicaba.
Convertida ya en la totalidad de la existencia, solo existía un infinito detalle que hundía su ausencia en cada pensamiento; él.

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=) Te quiero.
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